PEQUEÑAS BIOGRAFÍAS Publicado en la interCole Nº 32 de Agosto 2008

Vincent Van Gogh: ¡Tan genial, tan excéntrico!

Vincent Van Gogh: ¡Tan genial, tan excéntrico!?

Es 1853 en Groot Zundert, un pueblito al sur de Holanda. Allí viven el reverendo Theodorus y su mujer, Anna, junto a sus cinco hijos. Pero los hermanitos pronto serán seis, cuando el 30 de marzo nazca Vincent Willem Van Gogh. ¡Nadie imaginaba entonces que aquel pequeño pelirrojo se convertiría en un gran artista!
Aunque era un niño sumamente sensible, Vincent no tenía ningún interés artístico. Estudió inglés, alemán, francés… y en 1873 viajó a Londres para trabajar con su tío en una galería de arte. Allí tuvo contacto con la pintura y, además, su primer romance… frustrado. Luego Vincent trabajó en muchos otros lugares, pero ninguno lo satisfizo. Es que en aquel momento, hacia 1881, Vincent había descubierto que en realidad deseaba pintar. Y con ese objetivo, decidió aprender de inmediato: ¡tenía 27 años y mucho por hacer!

 

¡A crear se ha dicho!
Su hermano Theo lo apoyó en esa decisión, pero todos los demás (¡incluso él mismo!) dudaban de sus habilidades. Aprendió solo, experimentando con distintas técnicas y estilos, explorando perspectivas y sombras. Sus primeros cuadros retrataban la vida de campesinos y mineros. En 1885 creó el que sería su primer trabajo importante: Los comedores de papas. Sin embargo, enseguida se apasionó por las flores. Y en especial, por todo lo que fuera de color amarillo, su favorito. Así, pintó muchísimos girasoles y campos de trigo en sus cuadros.
En 1886 se mudó con Theo a París. Allí conoció a muchos artistas importantes: Paul Gauguin, Camille Pissarro, Claude Monet… De ellos, hizo amistad con Paul, y los dos se fueron a Arles (un encantador pueblito francés) para crear una escuela de arte. Pero, como casi todos los planes de Van Gogh, ¡este también salió mal! Era 1888 y, en plena discusión con su amigo, Vincent se puso tan nervioso que terminó cortándose una oreja y Gauguin, asustado, se fue para siempre.

 

El artista encerrado
Después de aquel triste episodio, Vincent debió ser internado en un hospital psiquiátrico y deliró durante tres días. Sus vecinos de Arles lo rechazaban, y pidieron a la policía que internara al “loco del pelo rojo”. Voluntariamente, él se marchó al sanatorio mental de Saint-Paul-de-Mausole, a unos 30 kilómetros de Arles.
Salió del encierro en 1890. Al enterarse de que Theo (su gran y único amigo) se casaría, se puso muy celoso. Vincent volvía a estar solo, y su tristeza se agravó con ataques cada vez más frecuentes de insomnio y alucinaciones. Se mudó, entonces, a Auvers-sur-Oise, donde estaría al cuidado del Doctor Gachet (como no tenía dinero, le pagó con un retrato). Curiosamente, durante los dos meses siguientes se potenció la creatividad del pintor, y ¡pintó unos 80 cuadros!

 

Campos de trigo con cuervos

Vincent creía que durante gran parte de su vida había perdido horriblemente el tiempo, por lo que se dedicó a trabajar sin pausa, ¡pintando casi una obra por día! Sin embargo, se sentía un fracasado porque nadie se interesaba en sus pinturas. Además, estaba muy triste por sentir que era una carga para su hermano Theo. Esos sentimientos lo desanimaron mucho y se dio por vencido. Dejó inconcluso uno de sus cuadros más famosos, titulado Campos de trigo con cuervos, que es para muchos especialistas una anticipación de su muerte.

El 29 de julio de 1890, Van Gogh murió sin ser reconocido como artista. Sin embargo, hoy es considerado uno de los pintores más importantes y sus cuadros se venden por millones de dólares. Así, se cumplió lo que Vincent había dicho, tal vez un poco en broma: “No tengo la culpa de que mis cuadros no se vendan, pero un día la gente se dará cuenta de que tienen gran valor.”
Esta historia nos sirve, tal vez, para recordar la importancia de valorar a las personas cuando están presentes, y no esperar a que sea demasiado tarde para hacerlo.

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